¿ QUÉ ES EL AMOR ?
Hoy, domingo 11 de noviembre de 2012, en muchas intendencias de la región
donde habito se ha celebrado el Día de
los Pueblos.
Se trata de una jornada dedicada a
valorizar la presencia de los tantos inmigrantes que habitan en Suiza, el
reconocimiento del enorme aporte que han brindado y siguen brindando a este país.
Es un día en que el común denominador es
“compartir”:
un acto litúrgico, algunas actuaciones
de coros y danzas;
e infaltable, una variada comida, tan relevante y colorida
como son las diversas identidades culturales que sin dudas han abierto nuevos
horizontes a la sociedad suiza.
Este año tuve la oportunidad de
disfrutar esta celebración en el pueblo de Arlesheim, perteneciente al cantón
Basilea campo.
Primeramente tuvo lugar una misa muy
fraternal, en la que los idiomas alemán e italiano marcaron el
ritmo de los diferentes momentos de la ceremonia; y estos fueron matizados con nostálgicas
canciones “montanaras” (típicas de la
Suiza italiana) y danzas portuguesas.
Seguidamente se pasó al abundante
aperitivo dispuesto para la ocasión.
Fue entonces que charlando con una amiga,
ésta mencionó a una señora italiana que había trabajado muchísimo preparando
unos bocadillos (sanguchitos pequeños), los que se veían muy apetitosos en
grandes bandejas.
Al probarlos, tuve que reconocer que, evidentemente,
¡estaban buenísimos!.
Y al ratito, quiso presentarme a la
autora de semejantes delicias.
Se encontraba junto a su marido, también
inmigrante italiano; gentes sencillas, lindas de veras, auténticas y espontáneas.
Así supe que esta mujer había pasado
toda la noche elaborando, cocinando centenas
de pancitos, a los cuales hubo de rellenar con diferentes quesos y carnes
(fiambres).
Además, había preparado unas grandes asaderas
de torta “Pasta frola” que era otra exquisitez.
Al oir estos comentarios elogiosos de
boca de mi amiga, ella, la protagonista culinaria, con una sonrisa les restaba
importancia.
Ella, una mujer trabajadora que además había
regalado su precioso tiempo –todas las horas de su sueño: estaba sin dormir- a
fin de contribuir a la convivencia y entendimiento de los pueblos...
Y lo más extraordinario fue escuchar al esposo
que envolviendo la tarea realizada por su mujer con una bellísima cobertura de
ternura, se deshizo en comentarios positivos.
¿Sabe usted?, me dijo,
ella no realiza todo eso con máquinas de
hacer pan, no...,
ella ¡lo hace todo con sus manos!.
¡Si viera!, prepara todo tipo de masas y
panes, ¡hasta con forma de rosas!. Y se deleitaba en alabanzas...
Escuchaba yo con atención a este hombre,
un inmigrante que se veía probado físicamente por la vida.
No quería perderme nada
de la emoción de aquellos instantes.
Sus ojos brillaban de admiración hacia
su esposa;
y los míos se paseaban repletos de satisfacción entre él y su compañera
de vida que parecía complacida con los elogios de su marido.
Ella se veía sencillamente radiante,
contenta ante la gran aceptación de sus pancitos.
Entonces estuvo claro para mí, tenía delante dos maravillosas expresiones de verdadero amor:
la señora, dando a los demás gratuitamente lo mejor, lo más valioso de ella: su talento y su tiempo;
el señor, valorando a su mujer, es decir, viendo lo mejor en ella: lo bueno; expresándose
en el estilo del más alto amor:
con afecto,
amabilidad y ternura, con gestos de
manos armoniosos y significativos, con mirada vivaz pero mansa, serena,
tranquila, respetuosa.
Tan conmovido quedó mi corazón que no
pude menos que saborear unos pancitos más y otra porción de “pasta frola”.
Seguramente gané en calorías, pero sin
dudas, en riqueza de vida.
Si alguien me pregunta hoy: Hilda, para vos, ¿Qué es el amor?,
Con presteza responderé:
“Amor
es un puñado grande de pancitos elaborados con mucho empeño y buena voluntad,
sin fines de lucro; simplemente, con la intención de proporcionar alegría y
placer gustativo;
Amor es también un precioso regalo de buenas palabras
vestidas de afecto, reconocimiento, admiración y sobre todo, mucho, pero mucho
respeto”.
Con todo ello –con lo visto y oído, también degustado- puedo
afirmar que hoy tengo la copa de mi vida bien, pero bien colmada.
Hilda Mayer-Iocco, desde Pfeffingen,
Suiza.-
Querida amiga, felicitaciones por tu nuevo espacio. Deseo te dé muchas satisfacciones este Blog y puedas compartir tus deseo de comunicarte. En mi caso los Blogs, me ha permitido relacionarme con impensables personas y me ha permitido labrar grandes amistades. Un fuerte abrazo, Norberto
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