TEXTOS
ESCOGIDOS (Jueves 14 de noviembre de 2012)
"MI
PADRE
era un
hombre extraordinario.
Maestro en Evolène,
el pueblo donde vivíamos (estudió hasta los 16 años –cumpliendo así el período
de aprendizaje- luego de lo cual empezó a ejercer), él sabía desarrollar la
inteligencia, el espíritu de los niños.
Yo me sentía
orgullosa de ser su hija y su alumna.
Él nos decía
que no quería que llegáramos a ser sabios –es decir, personas con abundantes
conocimientos- sino que él iba a tratar de enseñarnos
a pensar por nosotros mismos.
Fue un gran
despertador de conciencias.
Era muy sabio ...
Nosotros no teníamos médico en el pueblo.
Pero mi
padre conocía todas las plantas y trataba y curaba a los enfermos con
hierbas y raíces que él mismo recogía en el entorno.
También
arreglaba los huesos quebrados.
Y sobre
todo, tenía un poderoso magnetismo.
Las personas
dejaban de sufrir en el momento en que él las tocaba.
Esta medicina tradicional existía en todos los valles, no
solamente en el nuestro (Val d’Hérens,
cantón Valais, en Suiza Francesa).
Sucedía que
los médicos residían en Sion (la capital del cantón), una ciudad que quedaba
lejos de nosotros...
¿Cómo fue que mi padre pudo aprender
tanto y tanto a pesar de todo el trabajo que realizaba como maestro y también en
el campo?.
Es verdad
que cuando uno siente pasión por una cosa, el tiempo toma y
da su plena medida.
Incluso se
multiplica ...
Es como la
multiplicación de los panes. (*)
Sobre todo
si es para ayudar a otros.
El milagro es que las personas que quieren hacer
el bien encuentran siempre el tiempo para hacerlo ... "
Marie Métrailler (1901-1979) (Llamada “la
sabia de Evolène”. Campesina, autodidacta, mujer que supo mantener una
independencia de espíritu en un tiempo en que ello no era tan evidente para una
mujer).
El presente relato de Marie Métrailler
va dedicado a dos seres especiales, antiguos habitantes del campo santafesino,
en Argentina:
-mi abuelo materno, el nonno Urbino, quien como el padre de Marie Métrailler curaba gratuitamente a gente del lugar que padecía algunos males tales como dolores de cabeza o parásitos;
-y a Don Hermenegildo, un famoso sabio curandero, igualmente del campo santafesino, en Argentina, quien curó a una de mi hermanas de un problema de salud cuando apenas contaba un año y medio de edad; y esto después que los médicos fracasaran en el intento (sufría desmayos súbitos).
Hilda Mayer-Iocco
Pfeffingen, jueves 14 de noviembre de 2012

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