jueves, 3 de enero de 2013

EXTRACTOS DE UNA ENTREVISTA





EXTRACTOS DE UNA ENTREVISTA


a ERICH FROMM, realizada por el periodista suizo italiano Guido Ferrari

y publicada en un libro –“Il coraggio di essere” (El valor de ser)- en el año 2000, 

a raíz de cumplirse el 20° aniversario de la muerte del gran psicoanalista y sociólogo.



Fue la última entrevista concedida antes de morir. 

En algunos pasajes adquiere el carácter de un verdadero testamento del pensador,

autor de obras importantes e inolvidables tales como “El arte de amar”, “El miedo a la libertad”, “Ser y tener”, las cuales han “marcado” -y seguirán influyendo positivamente- a millones de personas.

Un detalle interesante que emana de las respuestas de E. Fromm es que él ha formado parte de esas generaciones de pensadores que, retomando la flama de sus ancestros predecesores han cultivado el arte de la sabiduría “integral”

es decir, su pensamiento es el resultado del juego y complementación de diferentes corrientes del conocimiento humano. 

El producto final es la persona –en este caso, Erich Fromm- que alcanza la Sabiduría, así, con mayúsculas.

Hoy por hoy, en que se vive bajo el imperio de la parcialización y la hiper-especialización del conocimiento humano, dirigido esto en vistas a un beneficio, la mayoría de las veces económico,

vale la pena considerar y reflexionar acerca de esta otra forma de considerar la vida de una manera menos fragmentada; 

evidentemente, ambas maneras de acercarse al conocimiento son válidas y necesarias.

Pero hoy por hoy, necesitamos de este tipo de personalidades, que nos ayuden a dar una mirada más abarcadora y unificadora del pensamiento.

Además de tanto “economismo y psicologismo”, necesitamos de una filosofía y una teología que nos ayuden a unificar nuestra tan fragmentada vida, a encontrar el profundo sentido de la vida.

Pueda darse que en un futuro, el intelecto humano, tan parcializado y dividido actualmente, tan “descentralizado”, pueda hallar el camino que conduce a la reconciliación, es decir, el hilo de Ariadna que reconduce a las fuentes eternas.


He aquí, seguidamente, algunos momentos de la conversación entre Erich Fromm y Guido Ferrari.


-Profesor Fromm, cómo vive hoy?.

-Vivo como siempre he vivido. La cosa más importante es que, desde que sé pensar he reservado siempre las horas de la mañana para el trabajo teórico.
Siempre he tenido la idea de que la mañana es sagrada, reservada al pensamiento y no a la ganancia.
Las tardes las he dedicado siempre a la psicoterapia, he atendido pacientes, pero jamás por la mañana.

-Desde cuándo es psicoanalista?.

-Desde 1925, más o menos.
En aquellos tiempos, ser analista no era un buen negocio, tampoco una actividad muy popular. Me refiero a 1925. He nacido en 1900.

-Hablemos de su familia, de su juventud. Cuáles son los elementos más importantes a tener en cuenta?.

-Uf, no resulta fácil hablar de esto. Ante todo porque he nacido en una familia muy neurótica.

Mi familia era muy religiosa. En ella han habido muchos rabinos, probablemente desde el siglo XVI.

Sin embargo, mi padre era comerciante, pero contra su voluntad; y se avergonzaba de serlo. También yo, de chico, me avergonzaba de ello.
Si alguien me decía “soy comerciante”, pues sentía piedad por él; 

me decía: “Pero,  ¿cómo puede admitir que el sentido de su vida sea el de ganar dinero?”.

Mi bisabuelo, por ejemplo, era uno de los judíos más eruditos y famosos.
Durante casi toda su vida tuvo una tiendita en Baviera, en Wiesenbronn. Allí gustaba estudiar el Talmud.

Se cuenta que cuando entraba algún cliente, él se enojaba y le decía: “uf, ¿no hay acaso otro negocio donde ir?. ¡Estoy ocupado!".

Éste era el mundo en el cual de pequeño me sentía a gusto: el mundo precapitalista, del cual mi bisabuelo es un ejemplo. 

Y en el fondo, así me siento todavía hoy: un extranjero en un mundo cuyo objetivo es ganar lo más posible. Para mí esto es una perversión.


-La primera guerra mundial fue importante en su vida...

-Sí; cuando comenzó tenía yo 14 años. Era muy inmaduro. Como la mayoría de mis contemporáneos, no comprendía qué estaba sucediendo.

Hacia los 15, 16 años comencé a preguntarme de manera insistente cómo era posible que hombres que no se conocen, que no se han hecho nada, se maten. ¿Quién aprovechaba de eso?.

Desde entonces, estas cuestiones han permanecido en el centro de mis pensamientos como el estímulo más importante de mis reflexiones:

¿Cómo es posible que los hombres, como masa, puedan actuar tan irracionalmente y se dejen manipular tan fácilmente?, ¿Y qué cosa puede hacer el ser humano para evitarlo?.









-Profesor Fromm, su pasado familiar, el suicidio de una amiga suya, la primera guerra mundial, lo han llevado más tarde a formarse en psicoanálisis, en sociología, en historia, en filosofía, en el pensamiento hebreo, en psicología social y en todo lo demás.  

Pero, ¿cuál ha sido su vocación más profunda?.


-En fin, ante todo quiero decir que no soy un filósofo en el sentido de un especialista. No soy, tampoco, un rabino en el sentido de un estudioso hebreo, no tengo erudición para ello.

Puedo decir que mi vocación más profunda ha sido la combinación de todos estos factores, aun cuando aquí y allá no tengo conocimientos o competencias suficientes.


-¿Cuál es la relación del hombre moderno de hoy con la religión?.

-Falsa. Éste es el primer pensamiento que me viene. El hombre de hoy cree ser cristiano, judío o de otra religión. 

Pero en realidad es un pagano porque adora ídolos como el dinero, el beneficio, su propia grandeza, su persona, el narcisismo.

Esto es idolatría.


-El hombre de hoy habla a menudo de amor, pero, ¿sabe amar?.

-Hum, el amor es raro. El hombre es más bien egoísta y esto es lo opuesto al amor. El amor tiende al otro, se interesa en el otro. 

No digo que no exista el amor porque si fuera así no estaríamos aquí. 

Se podría decir: quien ama a uno no ama a ninguno.

El cristianismo ha formulado esto en modo tan radical que el amor comprende también el amor al enemigo, porque el enemigo es un ser humano.

Yo agregaría también el amor a sí mismo, porque también yo soy un hombre. Pero a menudo esto se confunde con el egoísmo. 

Sin embargo, ¡el amor no es egoísmo!.

El amor va más allá de las limitaciones del propio ego. No tiene límites. 

Como está escrito en el cantar de los Cantares (Libro de la Biblia)
“ni siquiera las aguas del mar pueden apagar el amor”.

El amor es la fuerza que une todo, que da la vida.


-¿Cuáles son las tareas más importantes para el hombre de hoy?.

-Una pregunta compleja...

Creo que una tarea es el valor de ver cuáles son los peligros que hay delante de él y cuán peligroso es el camino que está siguiendo.

Pero la cosa más importante quizás sea: el valor de ser él mismo, el valor de decir que el objetivo mayor de su acción es su supervivencia, no solamente biológica sino también espiritual, porque el hombre no puede ser dividido.

Si el hombre pierde la esperanza, pierde toda posibilidad de vivir.






 Hilda Mayer-Iocco
Pfeffingen, 3 de enero de 2013





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