EXTRACTOS DE UNA ENTREVISTA
a ERICH FROMM, realizada por el periodista suizo italiano Guido Ferrari
y publicada
en un libro –“Il coraggio di essere” (El
valor de ser)- en el año 2000,
a raíz de
cumplirse el 20° aniversario de la muerte del gran psicoanalista y sociólogo.
Fue la última
entrevista concedida antes de morir.
En algunos pasajes adquiere el carácter de
un verdadero testamento del pensador,
autor de
obras importantes e inolvidables tales como “El arte de amar”, “El miedo
a la libertad”, “Ser y tener”, las cuales han “marcado” -y seguirán
influyendo positivamente- a millones de personas.
Un detalle
interesante que emana de las respuestas de E. Fromm es que él ha formado parte
de esas generaciones de pensadores que, retomando la flama de sus ancestros
predecesores han cultivado el arte de la sabiduría “integral”;
es decir, su
pensamiento es el resultado del juego y complementación de diferentes
corrientes del conocimiento humano.
El producto
final es la persona –en este caso, Erich Fromm- que alcanza la Sabiduría, así,
con mayúsculas.
Hoy por hoy,
en que se vive bajo el imperio de la parcialización y la hiper-especialización
del conocimiento humano, dirigido esto en vistas a un beneficio, la mayoría de
las veces económico,
vale la pena
considerar y reflexionar acerca de esta otra forma de considerar la vida de una
manera menos fragmentada;
evidentemente,
ambas maneras de acercarse al conocimiento son válidas y necesarias.
Pero hoy por hoy, necesitamos de este
tipo de personalidades, que nos ayuden a dar una mirada más abarcadora y unificadora
del pensamiento.
Además de
tanto “economismo y psicologismo”, necesitamos
de una filosofía y una teología
que nos ayuden a unificar nuestra tan fragmentada vida, a encontrar el profundo
sentido de la vida.
Pueda darse
que en un futuro, el intelecto humano, tan parcializado y dividido actualmente,
tan “descentralizado”, pueda hallar el camino que conduce a la reconciliación, es
decir, el hilo de Ariadna que reconduce
a las fuentes eternas.
He aquí, seguidamente, algunos momentos de la
conversación entre Erich Fromm y Guido Ferrari.
-Profesor Fromm, cómo vive hoy?.
-Vivo como
siempre he vivido. La cosa más importante es que, desde que sé pensar he
reservado siempre las horas de la mañana para el trabajo teórico.
Siempre he tenido la idea de que la
mañana es sagrada, reservada al pensamiento y no a la ganancia.
Las tardes
las he dedicado siempre a la psicoterapia, he atendido pacientes, pero jamás
por la mañana.
-Desde cuándo es psicoanalista?.
-Desde 1925,
más o menos.
En aquellos
tiempos, ser analista no era un buen negocio, tampoco una actividad muy
popular. Me refiero a 1925. He nacido en 1900.
-Hablemos de su familia, de su juventud.
Cuáles son los elementos más importantes a tener en cuenta?.
-Uf, no
resulta fácil hablar de esto. Ante todo porque he nacido en una familia muy neurótica.
Mi familia
era muy religiosa. En ella han habido muchos rabinos, probablemente desde el
siglo XVI.
Sin embargo,
mi padre era comerciante, pero contra su voluntad; y se avergonzaba de serlo.
También yo, de chico, me avergonzaba de ello.
Si alguien
me decía “soy comerciante”, pues sentía piedad por él;
me decía: “Pero, ¿cómo puede admitir que el sentido de su vida
sea el de ganar dinero?”.
Mi
bisabuelo, por ejemplo, era uno de los judíos más eruditos y famosos.
Durante casi
toda su vida tuvo una tiendita en Baviera, en Wiesenbronn. Allí gustaba
estudiar el Talmud.
Se cuenta
que cuando entraba algún cliente, él se enojaba y le decía: “uf, ¿no hay acaso
otro negocio donde ir?. ¡Estoy ocupado!".
Éste era el
mundo en el cual de pequeño me sentía a gusto: el mundo precapitalista, del
cual mi bisabuelo es un ejemplo.
Y en el fondo, así me siento todavía hoy: un extranjero en un mundo cuyo objetivo es
ganar lo más posible. Para mí esto es una perversión.
-La primera guerra mundial fue
importante en su vida...
-Sí; cuando
comenzó tenía yo 14 años. Era muy inmaduro. Como la mayoría de mis contemporáneos,
no comprendía qué estaba sucediendo.
Hacia los
15, 16 años comencé a preguntarme de manera insistente cómo era posible que
hombres que no se conocen, que no se han hecho nada, se maten. ¿Quién
aprovechaba de eso?.
Desde
entonces, estas cuestiones han permanecido en el centro de mis pensamientos
como el estímulo más importante de mis reflexiones:
¿Cómo es
posible que los hombres, como masa, puedan actuar tan irracionalmente y se
dejen manipular tan fácilmente?, ¿Y qué cosa puede hacer el ser humano para
evitarlo?.
-Profesor Fromm, su pasado familiar, el
suicidio de una amiga suya, la primera guerra mundial, lo han llevado más tarde
a formarse en psicoanálisis, en sociología, en historia, en filosofía, en el
pensamiento hebreo, en psicología social y en todo lo demás.
Pero, ¿cuál ha sido su vocación más
profunda?.
-En fin,
ante todo quiero decir que no soy un filósofo en el sentido de un especialista.
No soy, tampoco, un rabino en el sentido de un estudioso hebreo, no tengo
erudición para ello.
Puedo decir
que mi vocación más profunda ha sido la combinación de todos estos factores,
aun cuando aquí y allá no tengo conocimientos o competencias suficientes.
-¿Cuál es la relación del hombre moderno
de hoy con la religión?.
-Falsa. Éste es el primer pensamiento que me
viene. El hombre de hoy cree ser cristiano, judío o de otra religión.
Pero en
realidad es un pagano porque adora ídolos como el dinero, el beneficio, su
propia grandeza, su persona, el narcisismo.
Esto es
idolatría.
-El hombre de hoy habla a menudo de
amor, pero, ¿sabe amar?.
-Hum, el
amor es raro. El hombre es más bien egoísta y esto es lo opuesto al amor. El
amor tiende al otro, se interesa en el otro.
No digo que
no exista el amor porque si fuera así no estaríamos aquí.
Se podría
decir: quien ama a uno no ama a ninguno.
El
cristianismo ha formulado esto en modo tan radical que el amor comprende también
el amor al enemigo, porque el enemigo es un ser humano.
Yo agregaría
también el amor a sí mismo, porque también yo soy un hombre. Pero a menudo esto
se confunde con el egoísmo.
Sin embargo,
¡el amor no es egoísmo!.
El amor va más
allá de las limitaciones del propio ego. No tiene límites.
Como está
escrito en el cantar de los Cantares (Libro de la Biblia)
“ni siquiera las aguas del mar pueden
apagar el amor”.
El amor es la fuerza que une todo, que
da la vida.
-¿Cuáles son las tareas más importantes
para el hombre de hoy?.
-Una
pregunta compleja...
Creo que una
tarea es el valor de ver cuáles son los peligros que hay delante de él y cuán
peligroso es el camino que está siguiendo.
Pero la cosa
más importante quizás sea: el valor de
ser él mismo, el valor de decir que el objetivo mayor de su acción es su
supervivencia, no solamente biológica sino también espiritual, porque el hombre
no puede ser dividido.
Si el hombre
pierde la esperanza, pierde toda posibilidad de vivir.
Hilda
Mayer-Iocco
Pfeffingen,
3 de enero de 2013

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